Pablo Crepet, psiquiatra: “Los hijos no necesitan padres amigos, necesitan padres con autoridad»

Durante años, la crianza ha estado marcada por una idea que parecía incuestionable: cuanto más cercana y horizontal fuera la relación entre padres e hijos, mejores serían los resultados.

Muchas familias han intentado reducir las distancias, evitar conflictos y convertir el diálogo en la principal herramienta educativa. Sin embargo, algunos expertos creen que ese modelo también ha generado nuevas dificultades.

En una época en la que la sobreprotección preocupa a psicólogos y educadores, el psiquiatra italiano Paolo Crepet se ha convertido en una de las voces más escuchadas y también más polémicas. Sus libros, conferencias e intervenciones públicas suelen cuestionar ciertos hábitos que se han normalizado en la educación contemporánea.

Su mensaje gira alrededor de una idea sencilla: crecer implica enfrentarse a límites, frustraciones y responsabilidades.

Lejos de los discursos complacientes, Crepet defiende que educar exige valentía y constancia. Para él, muchas de las dificultades que aparecen durante la adolescencia no nacen de la falta de amor, sino de la ausencia de referentes claros.

“Los hijos no tienen necesidad de padres amigos. Tienen necesidad de padres con autoridad”, sostiene Crepet. En su opinión, renunciar a ese papel para buscar aprobación puede generar inseguridad en lugar de cercanía.

Esa idea está estrechamente relacionada con otra de sus convicciones: la importancia de saber decir no. Poner límites forma parte del cuidado y del afecto.

El experto recuerda que el amor, por sí solo, no basta para educar. También es necesario mantener decisiones impopulares cuando resultan beneficiosas para el desarrollo de los hijos.

La coherencia ocupa igualmente un lugar central en su pensamiento. “El respeto se enseña, no se exige”, afirma. Según Crepet, los niños aprenden observando. Las normas adquieren valor cuando quienes las establecen las cumplen también en su vida cotidiana.

Entre todas sus reflexiones, una de las que más debate genera es la relacionada con la frustración. La tendencia a eliminar cualquier obstáculo del camino de los hijos puede privarlos de herramientas fundamentales para la vida adulta.

“Un hijo frustrado hoy es un adulto más fuerte mañana”, asegura. La frase no invita a ignorar el sufrimiento infantil, sino a comprender que ciertas dificultades ayudan a desarrollar resiliencia, autonomía y capacidad de adaptación.

Crepet insiste además en que los padres deben actuar como puntos de referencia estables. La firmeza transmite seguridad. No se trata de rigidez ni de autoritarismo, sino de ofrecer un marco claro dentro del cual los hijos puedan crecer.

La última de sus advertencias se refiere a las consecuencias de los actos. Justificar constantemente los errores de un hijo puede impedirle comprender cómo funciona el mundo. “Deja de justificarlo todo. Los hijos necesitan entender que existen consecuencias”, señala.

Por Juanjo Villalba
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