Expedición Constanza, Maimón y Estero Hondo

EXPEDICION-ARMADA-DE-CONSTANZA-MAIMON-Y-ESTERO-HONDO-II

Meses después de que el doctor Fidel Castro Ruz alcanzara el poder en Cuba, al frente de un movimiento guerrillero contra la dictadura de Fulgencio Batista, jóvenes dominicanos de diferentes estratos sociales y de diversas ideologías políticas y credos religiosos, exiliados en Puerto Rico, Estados Unidos, Venezuela, Costa Rica y en otros países, arribaron a la finca Mil Cumbres situada en la Provincia Pinar del Río, Cuba, para recibir allí un entrenamiento militar que les permitiera emprender la lucha armada contra el régimen despótico de Rafael Leonidas Trujillo.

Esos mozos militaban en la agrupación Unión Patriótica Dominicana, de la cual formaban parte además de ellos, Francisco Castellanos, Juan Isidro Jiménez, Luis Aquiles Mejía y otras personalidades políticas del exilio antitrujillista. Tenían el propósito de rescatar a la Patria de Duarte y Luperón del infierno a donde había sido empujada por el ejercicio ilícito del poder, por la omnipresencia de la delación, la tortura y el miedo. Eran unos novicios con aires de redentores místicos.

Al atardecer del 14 de junio de 1959 aterrizó en el aeropuerto de Constanza un avión C-46 Curtis camuflado con las insignias de la Aviación Militar Dominicana piloteado por el soldado de fortuna de nacionalidad venezolana Julios César Rodríguez. De la nave bajaron 54 jóvenes al mando del comandante Enrique Jiménez Moya con la misión de internarse en las escarpadas montañas de la Cordillera Central e iniciar desde allí una lucha armada contra la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo.

Después de dejar a los expedicionarios en tierra dominicana, Julio César Rodríguez hizo girar su nave sobre si misma enfilándola por donde había aterrizado, mientras el avión estaba siendo impactado por disparos de ametralladora procedentes de la guarnición encargada de la vigilancia y cuido de ese aeropuerto. Finalmente, el capitán Rodríguez pudo levantar el vuelo y regresar ileso a Santiago de Cuba. Fue una operación audaz.

Pero, el azar le jugó una mala partida a los expedicionarios ya en tierra: mientras abandonaban el avión, en un momento de confusión, uno de ellos perdió la mochila del comandante Jiménez Moya que contenía detalles de las operaciones militares y señalamientos de los lugares por donde habrían de producirse desembarcos marítimos. Cuando los generales de Trujillo tomaron posesión de la misma pensaron que se trataba de una operación de desinformación; pero, al notar que dicha mochila contenía una gran cantidad de dólares, optaron por darle crédito al hallazgo; ese accidente fortuito selló la derrota militar de los expedicionarios de Constanza y de los que llegaron siete días después a bordo de dos embarcaciones.

A la 5:15 de la tarde del 13 de junio, dos lanchas de recreo, La Carmen Elsa y La Tinina, con 121 y 48 expedicionarios a bordo respectivamente, fondeadas en Punta Arena, Bahía de Nipe, Cuba, después de levantar ancla, pusieron rumbo a la República Dominicana.

Luego de sortear una serie de inconvenientes, incluyendo dos intentos de sabotaje llevados a cabo por agentes de Trujillo encubiertos, el sábado 20 de junio La Carmen Elsa y La Tinina llegaron a las costas norte de la República Dominicana originándose dos grupos de desembarco: Maimón y Estero Hondo. Pero antes de alcanzar los puntos prefijados para atracar, las naves fueron interceptadas por un guardacostas y una fragata de la Marina de Guerra Dominicana, y por aviones P51 y Vampiro de la Aviación Militar Dominicana. La Carmen Elsa fue hundida en Maimón por los cañones hispano suizo de la Fragata 103 en tanto que La Tinina logró penetrar por Estero Hondo. De la primera, resultaron muerto la mayoría de su tripulación, incluyendo el comandante de la expedición, el doctor José Horacio Rodríguez, a tiempo en que casi todos los tripulantes de la segunda lograban alcanzar la playa.

Dos días de ametrallamiento y de bombardeos continuo bastaron para inutilizar a los expedicionarios. Los combatientes heridos fueron fusilados en el sitio y los que resultaron ilesos fueron enviados a la Base Aérea de San Isidro donde, después de sufrir horrendas torturas, casi todos fueron asesinados por la soldadesca trujillista, azuzada por el hijo mayor del tirano, el dizque doctor en derecho y general de cuatro estrellas Rafael Leonidas Trujillo Martínez.

Así se frustró el propósito de tres desembarcos sincronizados que habrían de permitir el establecimiento en tierra dominicana de un estado de beligerancia que pudiera dar pie al reconocimiento internacional de un gobierno del exilio antitrujillista.

Se trataba de operaciones militares demasiado complicadas para la escasa formación de los involucrados. Sólo seis combatientes sobrevivieron a esas acciones de los cientos noventa y ocho integrantes del ejercicio expedicionario.

Paradójicamente, el ejército de Trujillo experimentó más bajas en combate que las que le produjo a los combatientes por la libertad. En efecto, 42 efectivos de las tropas regulares resultaron muertos y 32 heridos, registrándose un soldado desaparecido.

¿Sabían los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo que no era posible una victoria militar contra un ejército tan poderoso como el de Trujillo? ¿Pensaron en algún momento que podían repetir aquí la hazaña de Fidel Castro en Cuba?

Cartas, diarios y documentos de los expedicionarios Octavio Augusto Mejía Ricart, José Antonio Batista Cernuda, Juan Enrique Puisgsubirá, Antonio Mota Ricard y de otros prueban que, al menos ellos, estaban conscientes de que las probabilidades de sobrevivir eran pocas.

No obstante que los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo fueron derrotados militarmente, lograron una importante victoria, la de sembrar en la conciencia del pueblo dominicano la necesidad de librarse de Trujillo y de su régimen de oprobio. Sus acciones resquebrajaron los cimientes de la tiranía y acorralaron al sátrapa sancristobalense.

Dos años después de esos acontecimientos, la noche del 30 de mayo de 1961, Rafael Leonidas Trujillo era ajusticiado por un puñado de valientes mientras transitaba por una solitaria carretera camino a su hacienda Fundación donde había concertado una cita con una de sus amantes. Había valido la pena el sacrificio de los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo y de miles de dominicanos que se sacrificaron por la libertad.

El clima de democracia en que vivimos los dominicanos, unido al desarrollo material que hemos alcanzado en los últimos 40 años, no eran posible lograrlos bajo un régimen como el de Trujillo.

La continuidad histórica obliga a la generación presente, que heredó los frutos del sacrificio de esos hombres, a servirse de ese legado para bosquejar la imagen del futuro, para resolver con decisión todas las encrucijadas que el porvenir histórico nos depare.

Loor a los héroes y mártires de la Gesta gloriosa de Constanza, Maimón y Estero Hondo.

En síntesis

Las bajas de la Tiranía
Paradójicamente el ejército de Trujillo experimentó más bajas en combate que las que le produjo a los combatientes de la libertad. En efecto, 42 efectivos de las tropas regulares resultaron muertos y 32 heridos, registrándose la desaparición de uno de los soldados.